Mundos Imperceptibles

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Jun 2

Realidades entre cuatro paredes

Las oscuras paredes de esa habitación se apoderan de mi ser inscrustandome miedos que no me permiten escapar, intento encender una vela para buscar una salida pero no encuentro cerillos entre todos los cajones que posee este extraño lugar.

Me tomo un momento para pensar en que debo de hacer, como puedo salir, que es lo que hay fuera de aquí. Hay muchas llaves pero no veo el portillo donde encajar ninguna de ellas, corro como un loco por el lugar, y realmente eso es lo que soy, un loco que no encuentra un camino que resplandezca.

Me invade con mas fuerza mis miedos, ellos se ven como yo, corro nuevamente escapando de ellos sin lograr mas que cansarme dando vueltas en círculos con estos “yo” siguiendo mis pasos desde cerca.

-¿Deberia detenerme?

-¿Debería atacarlos acaso?

Me detengo y arremeto contra ellos con toda mi fuerza, están inmóviles, me observan intimidantes sin siquiera parpadear, parecer alejarse cada vez y me obligan a correr con mas fuerza aun.

Salto sobre uno de ellos y le miro lleno de ira a los ojos, el sigue inmutable por un instante para luego gritarme con brutalidad, golpeo su rostro aturdido y desaparece en un haz de luz con sus similares. La habitación se ilumina y veo como de una puerta que jamas estuvo allí para mis ojos ingresa como un ángel en el sitio.

Seguramente la bicicleta será siempre el vehículo de los novelistas y los poetas”.

- Christopher Morley

Abr 6

Retomando justo por el medio

Sintió como una extraña corriente de aire se acomodaba entre él y la entrada, giro sobre su silla y se concentro con dificultad en ver esa antigua puerta de madera con la que debía lidiar cuando le intentaba cruzar teniendo un par de vasos de vino extra. La sensación no pretendía desaparecer con facilidad y le obligo a ponerse de pie y caminar hasta ella. Titubeó al momento de tomar el pomo ya que esa inexplicable corriente se encajaba mas aun en él, no entendía el porqué, pero, lo que sentía era miedo hacia la puerta que separa su hogar de la avenida.

Se quedo allí inmóvil, esperando que algún pensamiento lo sacase de su estado de letargo, no era un tipo paciente, por lo cual el tiempo entre el sentimiento de miedo le domino y en el que abrió la puerta fue bastante corto. Salto al andén sin mirar atrás o tal vez si alguien se encontraba cerca a su puerta. El miedo desapareció en el justo momento en que descargo su pie contra el pavimento y pudo ver que el sol resplandecía con fuerza en aquella tarde, adapto sus ojos a la nueva luz que recibía pues su hogar no era específicamente el mas iluminado, algo bastante extraño para alguien que vive de las ventas de sus pinturas. Luego de que sus focales soportasen la luz recorrió la avenida de arriba abajo y lo único que pudo ver fue un taxi que se alejaba lentamente con una chica sentada en su asiento trasero.

“¿A dónde podría dirigirse una chica en una tarde tan bella sola?” pensé mientras veía el auto alejarse, también considero si él debería hacer lo mismo, tomar el pomo y cerrar la puerta, detener un taxi y dirigirse a cualquier lugar solo con el objetivo de alejarse de todo por un día, una simple tarde olvidándose de quien es y que es lo que debería de hacer. Lo considero por un par de minutos, soltó un fuerte suspiro, entro a su hogar tomo las llaves y cerro la puerta. Camino en la dirección opuesta en la que se alejaba aquel taxi y fue a la tienda a por una cajetilla de cigarrillos y una botella de bourbon.

Se puso el bourbon bajo un brazo y un cigarrillo en su boca lo encendió con un cerillo como era su costumbre, nunca logro comprender el gusto de las personas por el mal sabor que deja un encendedor en la boca solo por parecer más fácil. Camino deprisa hasta su hogar y abrió la puerta, antes de entrar miro nuevamente en la dirección que había tomado el taxi, solo por un instante, pensó en ella. Entro a su casa dejo la botella en su estudio y se lanzo al suelo a mirar el techo consumió un cigarrillo tras otro dejando que su mente recorriese libremente el espacio entre la realidad y la ficción pero jamás de acerco a pensar nuevamente en ella. Era un capitulo de su vida que había querido concluir hace mucho tiempo pero que ninguno de los quiso escribir esas ultimas palabras, una ultima carta para poner en su caja de zapatos, atar con un cordón y guardar en el desván para que pasase desapercibida por la eternidad y tal vez olvidada en la mudanza. Tomo la botella bebió un gran trago y empezó a lanzar pinceladas al lienzo con frenesí, con el tiempo la pintura empezaba a tomar forma y pudo ver como solo le restaba pintar el rostro de su obra, pensó en crear un rostro diferente, pero, el resto de los rasgos le pertenecían a ella. No importaba que tan dispar pudiese ser su rostro seguiría siendo ella, tomo otro trago y luego otro que escupió a la pintura, tomo otro cigarrillo para quedarse frente a la pintura observándola, viendo como el licor corría por el ella sin causar un efecto que no pudiese reparar, sacos sus cerillas, encendió su cigarro y la lanzo aun encendida contra el lienzo. Retomo su posición en el suelo con la botella a su lado y sus cigarrillos pero en esta ocasión su único pensamiento era ella.

La literatura es una fuerza en el mundo y no me imagino la vida sin literatura. La vida sin arte es inimaginable, pero como todos saben, cada vez hay menos lectores. Cada vez la literatura tiene que competir con otras formas de ocio. Esto nunca me ha preocupado, porque los libros tienen algo que no tiene la música u otras formas de arte: los libros se leen individualmente. Aunque haya un lector o haya un millón, siempre hay un lector y un libro. Es una relación uno a uno, autor y lector colaborando juntos. Y en cierto sentido, es el único lugar del mundo donde dos extraños pueden conocerse y reunirse en términos de igualdad. La gente habla de la muerte de la literatura, pero yo creo que no se va a producir.

- Paul Auster

Feb 8

De amigos imaginarios y otras fantasías infantiles

Han pasado ya casi nueve años desde que le conozco y siempre se ha quejado de que fume, aunque el también lo haga, probablemente desde antes que yo naciera. Me preguntaba cual era el motivo porque él se encontraba sentado allí, había abandonado la ciudad por su trabajo y no existía en el mundo nada mas importante que eso, tal vez el borgon pero siempre tenia una botella en su oficina por lo que podría decirse que era un complemento del primero.

-Pensé que no regresarías hasta la primavera.

-Yo también pensaba lo mismo.

Hubo un breve instante de silencio, parecía que duraría para siempre hasta que encendió un cigarrillo y movió su cabeza hacia la ventana.

-¿Durante cuanto tiempo piensas fumar?

-Durante el tiempo que lo disfrute.

Lanzo una risotada y dijo:

-Ambos sabemos que no lo disfrutas, solo es tu forma de alejarte aun mas de la gente.

-Eso es mentira “odio cuando tiene la razón en detalles que todos suelen omitir”.

-Esta bien, no regrese para discutir sobre eso contigo.

-¿Entonces por qué lo hiciste?.

-Debo tener un motivo preciso para venir a verte, pensé que eramos amigos.

-No lo niego “aunque en ocasiones lo dude” pero nunca me buscas en algún sitio que no sea mi casa si no necesitas algo.

-Es cierto… pero esta vez es diferente. Sabia que no estarías en casa.

-¿Por qué sabias eso?.

-Me gustaría que usases esa majestuosa memoria que tienes para recordar algo mas que el nombre de todos los personajes que has creado.

Le mire con dudas, nunca se había entrometido en mi trabajo y aun no entendía porque le tenia frente a mi.

-Me das lastima, en tu ultimo mensaje me dijiste que te encontrabas de vacaciones y porque eso tal vez no te encontrarías mucho en casa.

- Es cierto… “no debería de comunicarle tanto de mi vida”.

Levanto su mano y le hizo una seña a la camarera, ella se presento casi de inmediato frente a nosotros con el mismo bloque de colores de papel, ambos pedimos una taza de café negro sin azúcar, garabateo algo en el papel y me lanzo un sonrisa con cierto brillo a ternura y picardía juvenil. Saco su whiskera y la puso entre sus piernas para que la camarera no la notara.

Feb 1

Al otro lado

Durante mucho tiempo las personas han incursionado en la labor de dedicarse a escribir miles de poemas a la luna, todos han fallado en el intento de describir la belleza incalculable de esta. Marco Antonio era solo un joven mas, durante niño soñó con ser un astronauta y recorrer la estrellas saltando de una a otra sin mayor preocupación que la de no causar un desastre.

Habitaba en una pequeña casa en
la cuidad con su madre, ya no era un niño que podía jugar con cajas de cartón a
recorrer el espacio infinito, ahora se presentaba cumplidamente a las seis y
treinta de la mañana en un cubículo de oficina gris donde debía llenar cientos
de hojas de números contables, su jefe le gritaba continuamente solo para
mancillar su impactante imaginación con la cual llenaba las esquinas de los
documentos con representaciones de galaxias distantes y naves espaciales
surcando espacios desconocidos por el hombre.

Cada día transcurría de la
misma manera, su jefe sofocando sus ideas, cientos de páginas llenas de números
que pocos podían comprender, cenas con su madre en las cuales solo se discutía
sobre el dilema político de moda. Se bebía de vez en cuando una cerveza para
luego dedicar un par de horas a descargar todas sus fantasías en poemas que conservaba bien guardados en una caja de zapatos que custodiaba en lo más profundo de su armario. Nadie conocía las palabras allí puestas más que el mismo, no podía permitirse que alguien le tomase por un blandengue al escribir dulces versos para nadie más que un astro sostenido en el firmamento.

La semana trascurría durante la misma rutina habitual y que con el tiempo ya había dejado de ser un sufrimiento y era simplemente lo que sucedía en su vida y nada mas. Entrando la noche de viernes decidió dar un paseo antes de llegar a su hogar y allí la vio, donde siempre le encontraba al buscarla, clavada en la negrura y bañada por los pequeños destellos que llamamos estrellas. Caminó durante cuadras para alcanzarla, subió escaleras, tomo ascensores y trepo paredes, finalmente estaba justo frente a ella con todo su bello destello blanco lleno de amabilidad golpeándole la cara. Se acercó aun mas a ella la acaricio y con mucha delicadeza puso un pie a la vez sobre ella, se sintió apasionado de poder por fin pisar el lugar que en incontables ocasiones había sido su inspiración, corrió y salto por toda su superficie sintiéndose nuevamente como un niño llegando al límite donde el resplandor se mezclaba con la inmensidad y oscuridad del espacio, lo cruzo con timidez, posiblemente hubiese podido sufrir de un infarto en aquel momento ya que lo que veía parecía inconcebible. En la cara oculta de la luna podía ver todos y cada uno de los poemas que había dedicado a ella pegados en su superficie, fue tal su fascinación por el hallazgo que se sentó allí y continuo escribiendo poemas que solo ella y el podrían leer eternamente.

coffeetablebooks:

(by Martin Rettenbacher)

coffeetablebooks:

(by Martin Rettenbacher)