Anónimo preguntó
Tienes derecho a escribir cuando te apetezca, sobre lo que te apeteza y bajo cualquier pretexto. ¡Muchos éxitos! ;)

Muchas gracias. Estoy trabajando para volver a publicar pronto algo nuevo.

Tu implacable deseo

Estaba sentada en una banca al otro lado de la calle, leía el periódico despreocupada y bebía café de un vaso de papel. Yo la observaba de igual forma que lo había hecho ya toda la semana esperaba que algo cambiase, que el futuro fuese diferente pero cada vez que la miraba la visión no solo no cambiaba sino que se vislumbra mas tenuemente.

La conocería en dos días cuando ella fuese a dejar una carta a mi buzón, su hermoso cabello y gran sonrisa me obligarían a invitarla a un café e increíblemente, por alguna mala jugada del destino ella aceptaría, nos citaremos justo a un par de calles de donde estoy en este momento ella usaría un vestido de flores a la rodilla, precioso con una cola de caballo que despertaría aun mas mi interés por ella, descubriría que no bebe café sino té, no me sorprende no luce como una chica común. Lo que debió ser una taza de café con alguna sonrisa ocasional se transforma en cuatro tazas de té y seis de café para mi, dos cervezas negras para ella y tres whiskys para darme valor a invitarla a otra cita, aunque ya aceptó pasar del café a un bar cercano.

Tomaría la servilleta que llevó la semana entera viendo en la nevera. Le llamaría y la invitaría a cenar, ella insistirá en escoger el lugar y yo no me resistiría al sonido de su voz, descubriría que ama el sushi y que yo amo su forma de sonreír y como recoge su cabello mientras lo hace para que pueda ver aún mejor esa sonrisa que me distrae, las cenas, bares, cafés y algún museo me llevaran a su casa, a su cama, a sentirla mía y a sentir que yo solo quiero ser suyo. Los años pasarían y terminaríamos por unir nuestros ahorros y crear algo que llamar un hogar, pero no mucho tiempo después la burbuja de amor idílico en que habíamos vivido por años se rompería estrepitosamente y nos machacara contra el suelo mi imposibilidad para hacerla madre nos llevaría a batallas sin fin, las copas de whisky de los viernes se transformaran en un hábito diario, las peleas aumentaran y cada vez estaremos menos juntos.

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Desconexión

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Cuatro y treinta minutos, anunció estruendosamente el despertador resonando por todo el dormitorio, sin dificultad alguna lo encontró y lo logró silenciar. Un pie tras otro tocaron el suelo y sintió cómo se transmitía a través de sus medias blancas, tan blancas como la camisa de un niño que va por primera vez a la escuela, el frío que allí residía. Estiró sus brazos hacia el cielo mientras se levantaba y se dirigía a la cocina. Al llegar se removió el cabello, encendió la laptop y aún con sus ojos entrecerrados como lo hacía todas las mañanas conectó la cafetera y agregó tres cucharadas de café.

Era demasiado temprano para ver el sol, más aún, cuando se tienen persianas de madera tan gruesas, regreso a la habitación y dejó con cuidado su pijama sobre el cajón en el que guardaba su ropa interior. La camisa sobre el pantalón como de costumbre, era un hombre que disfrutaba del orden. Se dirigió a la ducha solo acompañado de sus boxers y medias, prendas que abandonó en la canasta de ropa sucia.

Una ducha de agua fría que no tardó más de cinco minutos le permitió abrir los ojos completamente como también limpiarse la cara, cerró la regadera y se lavó el cabello como todos los martes, de nuevo abrió la regadera, se quitó de sí todo el jabón que encontró. Usaba bata aunque hace ya mucho tiempo vivía solo, y así, se fue por una taza de café que sincronizada casi de forma milimétrica dejaba caer sus últimas gotas dentro de la jarra; Se la llevó hasta la habitación, la puso en el nochero donde estaban sus llaves junto al móvil, bebió el café con calma para no manchar su ropa o la alfombra, se bebió el último sorbo al terminar de anudarse la corbata como si se tratase de una recompensa por lo bien que lucía su reflejo.

Tomo las llaves y su teléfono, los puso en sus bolsillos, comprobó en el camino comprendido entre la habitación y la sala que todo se encontrase en su lugar, aunque era virtualmente imposible que algo hubiese cambiado de lugar era un hábito que cargaba de hace años. Se puso frente a la computadora donde verificó su casilla de correo para encontrarse con que no tenía nada que leer. Apago la computadora, cerró con llave la puerta de su apartamento, descendió por el ascensor con otras dos personas que vestían trajes de oficina, al igual que él. Tomo el autobús en la esquina a la hora exacta ya este se encontraba lleno de personas que se dirigían hacia sus labores temprano en la mañana, el sol no había cruzado el firmamento por lo que las luces de la avenida eran las encargadas de iluminar el camino. Descendió del autobús en la parada de siempre con otro grupo de personas que trabajan en edificios aledaños al suyo, nadie pronunció palabra aunque caminaban unos junto a los otros. Esto no era ninguna novedad, pero esta mañana le había resultado demasiado incómodo, con esta extraña sensación recorriendo su cuerpo los observo a todos para buscar empatía en alguien y cruzar un simple —Buen día—, no era algo que hubiese hecho antes, jamás había entablado una conversación con un desconocido, pero algo le oprimía el corazón. No consiguió que nadie le cruzará la mirada, lo cual le resultó especialmente extraño, parecía que nadie que no fuese él mismo notase su presencia. Intentó ponerse frente a un tipo que vestía un traje de color gris pero este sin siquiera parpadear lo rodeó y continuó su camino, —¿Qué está pasando?— se preguntó perplejo, pero su reloj le anunció que debía estar en diez minutos en su cubículo razón por la cual sacudió la cabeza intentando olvidarlo todo y retomó su camino.

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Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien

Hari Seldon (Fundacion - Issac Asimov)

¿Nos vamos?

—¿Todos los sistemas preparados?.

—Si señor.

—¿Jhon estas preparado?.

—¿Acaso piensan tardar en lanzar esta cosa?.

 

Hay un corto silencio en la línea del auricular.

 

—Por favor recuerda que esto no es una prueba, es nuestro día.

—Esta bien chicos me comportare.

—¿Podrias por favor verificar tus medidores?.

—Todo se ve bastante bien por acá, ¿Qué tan bien pueden verme?.

—Lo suficiente para pedirte que borres esa idiota sonrisa y te concentres.

 

Se escucha un último chillido que corta la comunicación.

 

—A veces no se como lo soporto— Masculló en voz baja mientras se ubicaba en su asiento.

 

En la habitación por un instante el silencio fue absoluto, los monitores de todas las computadoras se encendieron uno tras otro desplegando complicados cálculos y ecuaciones.

 

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El escritor posee la responsabilidad de escribir únicamente cuando realmente le apetezca.

No hay nada que exija un esfuerzo mayor del pensamiento que una argumentación que debe justificar el dominio del no pensamiento.

La inmortalidad -  Milan Kundera

Algo ligero

Es martes en la noche y creo que son las 8:30PM, casi, son las 8:22 estuve cerca de acertar. Fue un día bastante tranquilo en el trabajo, quedaron pendientes algunos mails por enviar a los clientes y reportes que deberían llegar al área de pruebas pero podrán esperar hasta mañana en la oficina. Nunca había notado lo fresca que es esta calle en las noches como esta, me detengo un momento en los buzones y tomó un par de sobres que se encuentran en mi cubículo, el ascensor me esta esperando, me gusta cuando esto sucede, me siento mucho más relevante para el mundo; se que es una tontería pero disfruto mucho esa sensación de que lo que necesito está allí de inmediato me voy derecho al sexto piso y desciendo del ascensor sin realizar parada alguna.

El ascensor se abre y el piso esta en silencio por lo que me dejo llevar de un ataque de locura y juego al espía internacional, por la tontería casi pierdo el maletín entre las puertas del ascensor pero me lo tomo como parte del juego —¡ACABAN DE DETECTARME!— grito y solo me responde el ladrido del perro del vecino que me desconcentra del juego y entro en 6C como de costumbre, al fin y al cabo es esa mi casa.

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