Aquellas historias que puede que sucedan entre el cielo y el asfalto.
Catching Elephant is a theme by Andy Taylor
Estaba sentada en una banca al otro lado de la calle, leía el periódico despreocupada y bebía café de un vaso de papel. Yo la observaba de igual forma que lo había hecho ya toda la semana esperaba que algo cambiase, que el futuro fuese diferente pero cada vez que la miraba la visión no solo no cambiaba sino que se vislumbra mas tenuemente.
La conocería en dos días cuando ella fuese a dejar una carta a mi buzón, su hermoso cabello y gran sonrisa me obligarían a invitarla a un café e increíblemente, por alguna mala jugada del destino ella aceptaría, nos citaremos justo a un par de calles de donde estoy en este momento ella usaría un vestido de flores a la rodilla, precioso con una cola de caballo que despertaría aun mas mi interés por ella, descubriría que no bebe café sino té, no me sorprende no luce como una chica común. Lo que debió ser una taza de café con alguna sonrisa ocasional se transforma en cuatro tazas de té y seis de café para mi, dos cervezas negras para ella y tres whiskys para darme valor a invitarla a otra cita, aunque ya aceptó pasar del café a un bar cercano.
Tomaría la servilleta que llevó la semana entera viendo en la nevera. Le llamaría y la invitaría a cenar, ella insistirá en escoger el lugar y yo no me resistiría al sonido de su voz, descubriría que ama el sushi y que yo amo su forma de sonreír y como recoge su cabello mientras lo hace para que pueda ver aún mejor esa sonrisa que me distrae, las cenas, bares, cafés y algún museo me llevaran a su casa, a su cama, a sentirla mía y a sentir que yo solo quiero ser suyo. Los años pasarían y terminaríamos por unir nuestros ahorros y crear algo que llamar un hogar, pero no mucho tiempo después la burbuja de amor idílico en que habíamos vivido por años se rompería estrepitosamente y nos machacara contra el suelo mi imposibilidad para hacerla madre nos llevaría a batallas sin fin, las copas de whisky de los viernes se transformaran en un hábito diario, las peleas aumentaran y cada vez estaremos menos juntos.
Llegare al punto en que la dotación de una botella semanal no será suficiente y para intentar esconder esto empezare a incluir algunos packs de cervezas en las compras, ella no tardará en notarlo y se cansara de discutir conmigo y empezara a distanciarse aún más de mi comenzando a pasar algunas noches fuera de casa. En algún momento de sobriedad notare que cada vez son más frecuentes los días en que ya no duerme conmigo y aun menos los que me envía al sofá pues el olor a alcohol no la deja estar tranquila, todo esto tendrá sentido el día en que me despedirán del trabajo por encontrar la reserva de whisky en mi casillero y confirmar el rumor de que bebía durante el trabajo, ese día llegaré a casa al medio día la puerta no estará cerrada con llave y en la sala encontrare un par de jarrones rotos.
Caminaré sigiloso hasta al armario que tendremos bajo las escaleras, sacare la caja de zapatos de la parte superior, tomaré la Beretta 9mm que mi padre me dará al mudarnos a aquella casa por mi “seguridad”, odiare mucho ese día, caminaré por las escaleras temblando pegado a la pared no estoy seguro si por el alcohol o por el miedo a lo que pueda encontrar; me miento a mi mismo al dudar, se lo que encontraré pero igualmente no detengo mi camino. La puerta de mi habitación estará entre abierta, digo mía porque muchos años atrás dejaría de ser nuestra y seria solo el lugar donde mi cuerpo caerá entre una borrachera y otra. Al empujar la puerta despacio, en la cama que hace muchos años no era mía, ella se entregaba apasionadamente a una mujer que yo no conocía, justo en ese momento entenderé todas esas noches que durmió fuera. Increíblemente mi entrada fue tan silenciosa que tendré un par de segundos para ver como comparten sus cuerpos y disfrutan. Para cuando sientan mi presencia yo ya estaré apuntando con el arma y en el momento en que ella me mire a los ojos la bala saldrá y luego de atravesar sus cuerpos también unirá su sangre. Lo que pasará luego es bastante predecible los vecinos avisaran a la policía que escucharon disparos, ellos aparecerán prontamente y entrarán a la casa me empujaran sobre la mesa lanzando fuera de ella la pistola aún caliente y la botella, el vaso del que estaría bebiendo seguiría allí frente a mis ojos lleno de ese líquido color ámbar que tantos problemas me trajo pero que no podre evadir aunque quiera. El juicio seria corto pues me declararé culpable y mi sentencia será lo suficientemente larga como para morir en la cárcel, una noche después de unos treinta años en ella creo simplemente no despertaría una mañana y todo acabaría.
Al terminar la visión, ella está aún al otro lado de la calle bebiendo el último sorbo de su té. No puedo odiar más la maldición de conocer mi futuro y no tener la más remota posibilidad de cambiar nada en él, nunca había odiado nada con tanto empeño, el metal se siente frío en mi boca, el sabor es ferroso pero es diferente del sabor de la sangre, es bastante más incómodo, tal vez sea por la combinación con la pólvora, al tirar del gatillo la bala atraviesa mi cerebro partiendolo de forma irreparable de forma casi imperceptible para mi, pero, en el proceso me permite ver que mi solución no cambiará nada. Ella, escuchara el disparo, llamara a una ambulancia y deberá esperar a la policía para dar una declaración de lo que pudo haber visto, agradezco que no tuvo la valentía de acercarse lo suficiente para verme a la cara pues seguramente tengo un aspecto para nadie agradable. Por culpa del incidente será bastante más tarde de la hora en que pensaba irse a su casa y al caminar por una calle bastante solitaria, por la cual siempre suele caminar. Se encontrará con otro hombre, él no tendrá una pistola como la que yo llevaría y en ese momento tampoco estaría compartiendo con alguien a quien ama, el hombre intentara quitarle su bolso y por culpa de un grito de terror una navaja penetraría su piel cuatro veces, el hombre correrá con sus manos vacías y en esta ocasión los vecinos tardarían más en llamar una ambulancia por lo cual no tendrían a nadie a quien salvar.
La bala estaba a punto a punto de salir de mi cráneo por lo cual no pude articular palabra pero mi último pensamiento fue “Te odio muerte, te odio por mostrármelo todo y por demostrarme lo implacable que eres cuando deseas a alguien, no importante el momento o la forma, siempre obtienes lo que quieres”.